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Globalización a toda costa
Escrito por:  
Jesús Manzano
26/04/2011 21:20:00  
Da la impresión de que el mundo tiende a una organización económica única, como si fuese la mejor, pero estoy seguro de que crece imparable como un nefasto experimento que en menos de 20 años estallará.

Ahora el neo-capitalismo está siendo mimado y curado de sus leves heridas. Cuando realmente nada puede amenazarlo, es un cáncer que extendió sus tentáculos rompiendo las limitaciones fronterizas y ocupando todos los escenarios. Sabe hacerlo, puesto que lleva más de un siglo desplegando su poder, sin llamar la atención, como un lobo vestido de cordero. El mayor de sus brazos, o su mayor argucia, es la Globalización, que ha permitido una expansión rápida.

Podemos creer que la globalización es un proceso dinámico, multidimensional y de elevada complejidad que dota de mayores relaciones a los mercados. Podemos decir que el creciente desarrollo tecnológico y la comunicación son la fuerza conductora del proceso de la globalización… Pero nos estaríamos engañando, quedándonos con el decorado. Es el capitalismo el que ha creado el desarrollo tecnológico y ha facilitado la comunicación; el transporte, el intercambio financiero y explotación intensiva de los recursos. Y con la ayuda de la Globalización nos vende golosinas envenenadas con la etiqueta de movilidad cultural y humana.

Me fastidia pensar en el nuevo modelo cultural que distribuye a las personas en miles de vuelos de aviones por cualquier lugar de la Tierra. Ya no compramos productos cercanos, ni conservamos los pilares de las tradiciones. Ahora, todo parece ser mejor que lo anterior, aún durando poco resulta más conveniente, más práctico. Ignoramos que somos el alimento de grandes corporaciones, que tan sólo somos máquinas que consumen generando grandes plusvalías, mientras se van agotando los recursos. Devoramos productos extraídos en lejanas tierras por personas esperanzadas en lograr una vida llena de oportunidades, aunque nunca consigan salir de su vida precaria.

No nos engañemos, el agricultor africano o el artesano filipino, no necesita colocar sus productos en los mercados europeos. Rápidamente alguien dirá que sí, que conviene eliminar las barreras comerciales, para dar salida a sus productos al mercados. ¿A qué mercado?... ¿al globalizado?. Ojala como dice una amiga el “Comercio Justo” fuese justo el comercio que tenemos, pero no es así, el mayor beneficio seguirá llenando los bolsillos de quien controla la distribución y la tecnología, es decir, el mismo al que nosotros satisfacemos.

El agricultor y el artesano necesitan mejorar sus mercados locales y adaptarlos a su entorno, pero no necesitan hacerle el juego al sistema liberal, porque para este no cuentan. Tan sólo son otro recurso necesario. La salud del Planeta necesita que los productos se muevan lo mínimo posible, que adecuemos nuestros consumos a lo cercano. El dinero, el capitalismo, quiere poner grandes extensiones de monocultivos en África, para generar combustibles para el primer mundo. El dinero quiere sacar rendimientos y beneficios, comprar barato, pagar poco al manipulador y vender caro al consumidor. Esta falsa expectativa de progreso para los países pobres sólo generará nuevos núcleos de desigualdad, provocando un crecimiento demográfico y un desarrollo desmedido, no sostenible.

Tengo la certeza de que somos un instrumento, ‘unidades de consumo-producción’ necesarias para que la economía global nos engañe y nos exprima. Entregados a satisfacer fugazmente nuestros deseos, un nuevo mp3, una tv de plasma, o un viaje a unas islas lejanas. A final, con ciertas diferencias, seguimos siendo lo mismo que en la Edad Media: plebe, chusma, indispensables para generarles grandes fortunas, avivar sus guerras y sostener el sistema.
Vivimos una enorme y cinematográfica fantasía engañosa.
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